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Codependencia
Publicado el 28/06/05 a 18:54:46 GMT-06:00 por 03280353526
Codependencia Por: Norma Téllez González
PERTURBACIÓN DE LA PERSONALIDAD DEPENDIENTE
• Visión de conjunto y prevalencia de la perturbación en el medio clínico
La definición del DSM III de la perturbación de la personalidad dependiente ha sido, durante mucho tiempo, demasiado limitada. El DSM III-R ha ampliado los criterios. Las personas dependientes son las que tienen dificultad para funcionar de manera autónoma. Se subordinan a los demás y demuestran una tendencia a permitir, e incluso a incitar, a los otros hacerse cargo de sus responsabilidades en su lugar.
El DSM III contenía un criterio de débil confianza en sí mismo. Dada la perspectiva esencialmente descriptiva del DSM III, este criterio se quitó del DSM III-R basándose en su carácter demasiado vago y demasiado inferencial. Las personas dependientes tienden a permanecer en las relaciones donde son maltratadas, en función de su miedo a la soledad.
Son personas que se sienten devastadas cuando acaba una relación, y éste es uno de los motivos más frecuentes de consulta. Tienen dificultad para ponerse en acción, sonreídos con facilidad por la crítica y la desaprobación y son vulnerables a la angustia de abandono. Sensibles a un buen número de factores de estrés psicosocial asociados al abandono y a la soledad, parece que estos clientes están entre los que más consultan en la clínica privada. Ocurre a veces que personas muy dependientes son diagnosticadas por error como si fueran borderline. Aunque las personas dependientes son a menudo muy funcionales, no tienen por otra parte ninguna de las características bipolar y autodestructiva de la perturbación de la personalidad borderline.
Es cierto que esta confusión de diagnóstico proviene de una perspectiva diagnóstica basada esencialmente en la etiología y que se interesa sobre todo por las inferencias causales más que por los comportamientos manifiestos.
• Su ciclo de experiencias
La sensación El cliente dependiente siente pánico y ansiedad cuando las circunstancias exigen autonomía. Se puede presuponer, por lo tanto, que las sensaciones que le llevan eventualmente a explorar el entorno a la búsqueda de satisfacción, en una situación en donde esta gratificación no va a ser inmediata, van a tener la tendencia a transformarse en ansiedad e incluso en pánico.
La simbolización La simbolización del cliente dependiente está sujeta a una convicción íntima de no estar a la altura de las expectativas de los otros y de ser incapaz. Ha aprendido, por lo tanto, que es preferible someterse a una figura protectora que va a mediatizar sus relaciones con el entorno.
La movilización de su energía El cliente dependiente apenas está movilizando. La energía debe venir del otro, de quien mediatiza la relación entre él y el entorno.
La acción El cliente actúa como si estuviera condenado de antemano a la incompetencia. Únicamente las acciones que están confinadas a los estrechos límites de lo que él considera seguro y confortable son realizadas con alguna fluidez. Todas las demás acciones, y especialmente las que implican un nuevo blanco en un nuevo entorno, tienen tendencia a ser contenidas, indecisas e incluso a veces defectuosas.
El contacto El dependiente es sumiso en el contacto. Como se vuelve ansioso en las situaciones de no confluencia, el contacto, que está basado en la separación previa, tiende a generarle ansiedad. Ante el terror a la agresión y al conflicto, el dependiente se somete, en un esfuerzo por alejarse de la experiencia de la separación.
La retirada La retirada tiende a ser ansiógena ya que pone la confluencia en peligro. Ya que el cliente dependiente es incapaz de expresar abiertamente su rabia, debe buscar otra manera de expresar sus resentimientos. Si tiene también características pasivo-agresivas, la retirada puede entonces estar coloreada por elementos punitivos hacia el entorno.
• Sus mecanismos de resistencia y de adaptación al contacto
La confluencia Se puede decir que, por definición, las personas dependientes tienen tendencia a ser altamente concluyentes.
La introyección La introyección es un modo privilegiado de adaptación y de resistencia al contacto, ya que es a través de ella como se mantiene la dependencia.
La proyección La proyección contiene generalmente la denegación de la autonomía, de la fuerza y de la responsabilidad. Es probable que la identificación proyectiva esté implicada en ello y que ataña a una pareja íntima. En estas situaciones, la persona va a decir: “Él o ella es tan fuerte, tan fuerte, tan de fiar tan capaz de hacer frente a las situaciones, etc...”
La retroflexión Si el cliente retroflecta, el contenido de sus retroflexiones va a estar constituido por un fondo de rabia hacia la persona en quien ha abdicado de su identidad.
La deflexión A las personas dependientes no les gustan ni la agresión ni el conflicto y, de manera típica, deflexionan en las situaciones tensas. Los conflictos interpersonales son recordados en términos eufemísticos y a veces incluso enteramente negados.
• Sus sistemas de apoyo
El sistema de apoyo interpersonal La red social del dependiente tiende a estar limitada a las personas que le acogen bajo sus alas a cambio de sumisión. Si busca la compañía de sus amigos en períodos de estrés, los utiliza bastante mal. Al tener tendencia a quejarse de manera compulsiva, busca estar tranquilo más que salir de la situación difícil.
El sistema de apoyo cognitivo Sus procesos cognitivos están desactivados en beneficio del otro. Como dijo Descartes:”Pensar es ser”, y el dependiente no es, en tanto que no ha revindicado su autonomía. En lugar de procesos cognitivos productivos, tiene más bien tendencia a rumiar en periodos de contrariedad. Si se le pregunta qué piensa de una situación dada, nos puede contestar “No sé quién piensa que...”, o “no sé cuántos piensan que...”.
Su posición en las polaridades básicas (Millon)
Yo y los otros Está centrado en los otros, y esto es evidente cuando se le observa en interacción.
La pasividad y la actividad Se trata de una estructura de personalidad pasiva. El alimento y la protección deben venir del entorno. Estas personas desarrollan estrategias de atracción que le permiten conseguir alimento sin tener que explorar el entorno.
• Sus transacciones fenomenológicas
El modo cognitivo El cliente dependiente tiene tendencia a ser cognitivamente ingenuo y crédulo. Es fácil “darle gato por liebre” y recibe los acontecimientos y los sucesos sin desconfianza.
El modo emocional El cliente dependiente se siente crónicamente impotente e incapaz y trata de compensar esta falta a través de una figura tranquilizadora. No le gusta la competición y, a primera vista, parece a la vez apacible y amable.
• Sus funciones de contacto
La apariencia El cliente dependiente suscita comportamientos calurosos en la mayor parte de la gente. De entrada, se tienen ganas de cogerles en brazos y besarles.
La palabra No existe nada brusco ni rudo en su manera de expresarse. A menudo no tiene una voz con empuje, y se expresa de una manera que manifiesta su tendencia a suavizar las cosas. Es muy diestro en el arte del eufemismo cuando se trata de hablar de una situación conflictiva.
La escucha El cliente dependiente tiene predisposición a comprender lo que se le dice como consignas para que las siga.
El movimiento y el tocar Se deja tocar más que l a mayor parte de la gente.
DEFINICIÓN DE ADICCIÓN
La adicción es un estado de compulsión, obsesión y preocupación que esclaviza la voluntad y el deseo de la persona.
Anne Wilson Shaef dice que: “Adicción es cualquier proceso ante el cual somos impotentes. No controla, nos obliga a decir, hacer y pensar cosas que no van de acuerdo con nuestros valores personales y nos conduce progresivamente a ser más compulsivos y obsesivos.”
Pía Mellody sostiene que: “Adicción es cualquier proceso que se usa para evitar o eliminar cualquier realidad que sea para nosotros intolerable o dolorosa.”
Al evadirnos, el dolor se convierte en nuestra prioridad. Se necesita algo fuera de nosotros que aleje los sentimientos negativos que tenemos de nosotros mismos. Necesitamos de algo o alguien que nos pueda quitar el vacío y la soledad que sentimos. Necesitamos alguna experiencia que altere nuestro estado de ánimo y muchas veces nuestro estado de conciencia. Continúa Mellody:
“Adicción es una relación patológica con cualquier cosa, persona o experiencia que altere nuestro estado de ánimo, y que tiene consecuencias negativas en la salud física, mental, emocional y espiritual de la persona.”
La adicción se desarrolla cuando queremos evadirnos o defendernos del dolor o cuando el anhelo de amor es tan grande que necesitamos llenar con algo nuestro vacío interior.
El psicoanalista Theodore Rubin en Compassion and Self Hate dice que el alcohol, la droga, el tabaco y la comida son usados con frecuencia para sedar y anestesiar el odio que la persona se tiene. Esto, desafortunadamente, es usado inconscientemente como una manera de suicidarse lentamente.
El psicólogo social Stanton Peele en su libro Love and Adicction opina que la “persona que no puede establecer una relación significativa con su medio ambiente en general, estará más predispuesta a la adicción.” Sin pensarlo, se irá absorbiendo en algo externo a ella misma y su sensibilidad crecerá con cada nueva exposición al objeto o experiencia adictiva.
El adormecimiento temporal de la sensibilidad, la sensación de que todo irá bien, es una experiencia poderosa para algunas personas, y como es placentera, dependerán de la repetición de esa experiencia porque sienten que les da una estructura, les da seguridad, al menos eso sienten, contra la presión de lo que es nuevo y les demanda algo. Por eso se hacen adictos.
Otros autores hacen hincapié en lo habitual de cualquier conducta compulsiva que limita la libertad de la persona. Esta falta de liberta es causada por el apego, es decir, el deseo se clava en objetos específicos.
A pesar de que el concepto de adicción ha ido cambiando con los años, al principio se refería sólo al alcohol y a las drogas, algunos criterios fundamentales permanecen inalterables. Estos criterios son los que se refieren a las características de la adicción.
Es de vital importancia comprender estas características, para poder analizar con honestidad los hábitos que tenemos y que sin darnos cuenta se hayan convertido en verdaderas adicciones.
Al estudiar las características paso a paso podremos darnos cuenta de por qué nosotros y las demás personas encontramos muy difícil de aceptar que somos adictos a algo. Reconocerlo es el primer paso que puede conducirnos a la verdadera libertad.
• Características
Tolerancia Cada vez se necesita más del objeto de la adicción para lograr el mismo resultado. El nivel de tolerancia va en aumento.
Síntomas de abstención Cuando voluntariamente o por cualquier circunstancia ajena a la voluntad, no se obtiene el objeto de la adicción, se presentan una serie de repercusiones somáticas y psicológicas: una reacción de estrés en el sistema nervioso autónomo que va desde inquietud o nerviosismo hasta un estado de extrema agitación, aceleración del pulso, temblores y una reacción de pánico. Se presenta también lo que se le llama reacción de rebote. En el caso de la abstención de alcohol este rebote produce hiperactividad y a veces hasta convulsiones. Cuando la abstinencia es de estimulantes, produce depresión y somnolencia.
En el aspecto psicológico, se presenta una ansiedad y una necesidad imperiosa del objeto adictivo.
Engaño de sí mismo Aparecen los mecanismos de defensa para impedirnos ver la verdad. Los principales mecanismos usados son: la negación, la racionalización y el desplazamiento. La mente recurre a mil engaños y justificaciones para seguir con la conducta adictiva. Aparecen motivaciones y deseos que se contraponen entre sí.
Pérdida de la fuerza de voluntad Se pierda esa fuerza de voluntad porque las motivaciones son contradictorias; por un lado se pretende parar la conducta adictiva, y al mismo tiempo, otra parte de la voluntad no lo desea; quiere seguir con su apego. Cuando el énfasis de la recuperación se pone en la fuerza de voluntad se puede padecer una continua sensación de derrota. Para saber si tienes o no una adicción verdadera, haz la prueba: pon un alto total a esa conducta. Si lo puedes hacer, entonces era un simple deseo o un hábito. Pero si no la paras, no importa cuánto quieras seguir negando o racionalizando, te estás enfrentando a una verdadera adicción.
Distorsión de la atención A veces no nos percatamos de lo esclavizados que estamos, hasta que algo interfiere con nuestra adicción. Aunque no nos demos cuenta monopoliza nuestra atención de tal manera que nos impide amar. Nuestras adicciones son nuestra principal preocupación y requieren nuestra completa atención; poco a poco se convierten en Dios para nosotros; no dejan lugar para el amor. Podemos disfrazar el hecho de que el objeto de nuestra adicción significa sólo nuestra ocupación actual, pero que nuestra preocupación última, nuestra meta, es amar a Dios. Nuestras mismas acciones nos desmentirán. Veremos que nuestra libertad está ya comprometida en la satisfacción de nuestros deseos; es el aquí y el ahora y nada más nos importa.
• Facetas
En el adicto se manifiestan diferentes facetas que pueden verse una por una bien actuando simultáneamente.
Sin imaginamos que padecer una adicción o mantener una relación de codependencia es vivir en una cárcel psicológica, podemos ver que las facetas de la adicción se asemejan a cristales que reflejan la luz de afuera, pues el adicto no tiene luz propia, luz interior que salga a través de los cristales hacia el exterior. Dependiendo de dónde venga la luz será la faceta que la refleje. Esto es más notorio en la persona codependiente, pero sucede también en diferentes épocas o circunstancias de la vida del adicto.
Estas facetas son: Negación Ilusión de ser lógicos y racionales Autoengaño Referencia externa Distorsión Invalidación Deshonestidad Control Vivir a la defensiva Olvido desesperanza Confusión Basarse en promesas Perfeccionismo Basarse en expectativas Centrarse en sí mismos Pensamiento dualista
DIFERENTES CLASES DE ADICCIONES
La primera clasificación que presentamos es la del doctor Gerald G. May, quien las divide en adicciones atractivas y adicciones aversivas. Este psiquiatra sostiene que algunas adicciones se dan en torno a cosas que nos atraen y otras en torno a algo que nos repele.
El deseo, el apego, tiene dos aspectos: el atractivo y el repulsivo; y ambos pueden convertirse en adicción. Señala también que muchas de las adicciones aversivas nunca habían sido tratadas como tales.
El doctor May sostiene que podemos aprender mucho de nosotros mismos si llevamos un control estadístico de esas conductas para reconocer la presencia de una adicción y tratarla como tal.
Tal vez pueda explicarse así lo difícil que es erradicar determinadas conductas y formas de actuar o pensar irrazonables.
Algunas adicciones son realmente trágicas, acaban con la vida, la dignidad de la persona y su autoestima; otras son aparentemente ridículas y absurdas, sin embargo debemos recordar que son reales y limitan a veces en forma grave la libertad de la persona. Otras aparentan ser muy atractivas.
El doctor May presenta las divide en: Adicciones de atracción y adicciones aversivas.
Aunque algunas adicciones aparenten no ser graves, e incluso puedan parecer buenas, es importante recordar que lo que las caracteriza como adicción es la falta de la libertad, la compulsividad, la esclavitud y estas nunca son buenas.
No importa cuál sea el objeto de la adicción: la persona no puede controlar la atracción o la aversión hacia el objeto, persona o experiencia.
• Adicciones ingestivas y adicciones de proceso
Hay muchas clasificaciones de las adicciones, casi podríamos decir que cada autor o cada clínica hace la división que le resulta más adecuada. Para nosotras la división que más nos clarifica el mundo de las adicciones es el dividirlas en ingestivas y de proceso.
Ambas tendencias funcionan esencialmente de la misma manera y producen los mismos resultados. Aunque no todas tienen la misma severidad, exhiben las mismas dinámicas en las conductas y en la última instancia acaban por destruir a la persona.
Vamos a hacer un esquema de esta división y cada uno podrá darse cuenta de que existen muchas cosas más que podrían añadirse.
Cada persona podría contribuir a esa lista con sus propias formas de esclavitud. Sin embargo nosotras nos limitaremos a las más conocidas.
Durante muchos años se consideró que sólo el alcohol y las drogas causaban adicción. Actualmente, debido en gran arte a los estudios realizados en los centros de tratamiento de las adicciones se ha descubierto que la persona que entra a tratamiento presenta por lo general más de una sola adicción: muchos actos en su conducta aparecían de pronto como algo impulsivo, el alcohol y las drogas no eran lo único que atrapaba a la persona y limitaba su libertad. Algunos de estos actos compulsivos, obsesiones imposibles de controlar eran claramente adicciones; otras no lo eran tanto. Sin embargo, debido a que la obtención de Durante muchos años se consideró que sólo el alcohol y las drogas causaban adicción.
Actualmente, debido en gran parte a los estudios realizados en los centros de tratamiento de las adicciones se ha descubierto que la persona que entra a tratamiento presenta por lo general más de una adicción: muchos actos en su conducta aparecían de pronto como algo impulsivo, el alcohol y las drogas no eran lo único que atrapaba a la persona y limitaba su libertad. Algunos de estos actos compulsivos, obsesiones imposibles de controlar eran claramente adicciones; otras no lo eran tanto.
Sin embargo, debido a que la obtención de datos provenía en su mayor parte del adicto mismo y de sus familiares, se pudo analizar que muchas de esas conductas reunían las características de las adicciones.
CODEPENDENCIA
UNA BREVE HISTORIA
La palabra codependencia apareció en la escena del tratamiento psicológico a fines de la década de los setenta. No sé quién la descubrió. Aunque varias personas proclaman haberlo hecho, la palabra emergió simultáneamente en varios centros de tratamiento de Minnesota, de acuerdo con la información de la oficina de Sondra Smalley, una psicóloga con licencia y líder en el campo de la codependencia. Tal vez Minnesota, el corazón de los centros de tratamiento para las dependencias químicas y de los programas de Doce Pasos para los trastornos compulsivos, la descubrió.
Robert Subby y John Friel en un artículo del libro Co-dependency, an emergin Issue, escribieron:
“originalmente se usó para describir a la persona o las personas cuyas vidas se veían afectadas como resultado de su relación cercana con alguien que tiene una dependencia química. El cónyuge o hijo o amante codependiente de alguien químicamente dependiente era visto como una persona que había desarrollado un patrón para contender con la vida del que no era sano, como una reacción hacia el abuso de alcohol o de las drogas que hacía otra persona”.
Era un nombre nuevo para un juego viejo. Los profesionales habían sospechado durante largo tiempo que algo peculiar sucedía a las personas que estaban involucradas de cerca con individuos químicamente dependientes.
Se había hecho alguna investigación sobre el tema, la cual indicaba que una condición física, mental, emocional y espiritual similar a la provocada por el alcoholismo parecía darse en muchas personas no alcohólicas o no químicamente dependientes cercanas al alcohólico.
Surgieron algunas palabras (más caló que después se volvería sinónimo de codependiente) para describir este fenómeno: co-alcohólico, para-alcohólico, no-alcohólico.
Es seguro que los codependientes sintieron los efectos de la codependencia bastante antes de que se acuñara la palabra. En la década de 1940, después del nacimiento de Alcohólicos Anónimos, algunas personas-principalmente esposas de alcohólicos-formaron grupos de autoayuda para lidiar con las maneras en las que el alcoholismo de sus cónyuges les afectaba. No sabían entonces que más tarde se les llamaría codependientes.
Pero sí sabían que habían sido afectadas directamente por el alcoholismo de sus parejas. Y sentían envidia de que los alcohólicos tuvieran un Programa de Doce Pasos para recuperarse. Las esposas también querían un programa. De modo que usaron el Programa de Doce Pasos de AA, revisaron las Doce Tradiciones de AA, cambiaron su nombre por el de Al-Anón, ¡y funcionó! Desde entonces, millones de personas han sido beneficiadas por esta agrupación.
El pensamiento básico en ese entonces, y en 1979 cuando surgió la palabra codependencia, era que los codependientes (co-alcohólicos o para-alcohólicos) eran personas cuyas vidas se habían vuelto inmanejables como resultado de haber vivido en una relación de compromiso con un alcohólico.
Sin embargo, la definición de codependencia se ha expandido desde entonces.
Los profesionales empezaron a entender mejor los efectos de las personas químicamente dependientes sobre la familia y los efectos de la familia sobre la persona dependiente químico. Comenzaron a identificar otros problemas como el comer en exceso o demasiado poco, apostar y ciertas conductas sexuales. Estos trastornos compulsivos eran paralelos al trastorno compulsivo o enfermedad que el alcoholismo.
Los profesionales también empezaron a advertir que muchos individuos que se encontraban en una relación cercana con estas personas compulsivas desarrollaban patrones para reaccionar y contender con la vida, que se asemejaban a los patrones de las personas que se encontraban relacionadas con alcohólicos. También, algo peculiar había ocurrido a estas familias.
A medida que los profesionales comenzaron a comprender mejor la codependencia, aparecieron más grupos de personas que parecían tenerla: hijos adultos de alcohólicos; gente relacionada con personas emocional o mentalmente perturbadas; gente relacionada con personas con una enfermedad crónica; padres de hijos con trastornos de conducta; personas relacionadas con gente irresponsable; profesionistas, incluso enfermeras trabajadores sociales y otros dentro del campo de las ocupaciones de “ayuda social”.
Hasta los alcohólicos y adictos en recuperación descubrieron que eran codependientes y que tal vez lo habían sido bastante antes de volverse dependientes químicos. Los codependientes empezaron a darse por todos lados.
Cuando el codependiente rompía su relación con la persona afectada, frecuentemente buscaba otra relación con otra persona perturbada y repetía las conductas codependientes con esa persona nueva en su vida. Estas conductas o mecanismos de adaptación parecían prevalecer a través de toda la vida del codependiente, si esa persona no cambiaba estas conductas. ¿Era seguro asumir que la codependencia se disparaba por medio de las relaciones establecidas con estas personas afectadas por enfermedades graves, problemas de conducta o trastornos compulsivos destructivos?
El alcoholismo en la familia ayudaba a crear codependencia, pero muchas otras condiciones parecían producirla también.
Un muy común denominador era tener una relación personal o profesional con personas perturbadas, necesitadas o dependientes. Pero un segundo denominador, más común aún parecían ser las reglas tácitas, no escritas, que por lo general se desarrollan en el núcleo familiar que marcan la pauta para otro tipo de relaciones.
Estas reglas prohíben la discusión acerca de los problemas; la expresión abierta de sentimientos; la comunicación honesta y directa; expectativas realistas tales como ser humano, vulnerable o imperfecto; egoísmo; confianza en las demás personas y en uno mismo; jugar y divertirse; y conducir el delicado equilibrio de la canoa familiar a través del crecimiento y del cambio, tan sano como beneficioso pueda ser este movimiento. Estas reglas son comunes en los sistemas familiares de los alcohólicos pero pueden surgir también en otras familias.
Ahora, regreso a la pregunta inicial ¿Cuál definición de codependencia es adecuada? Todas lo son. Algunas describen la causa, otras los efectos, otras la condición general, otras más los síntomas, otras los patrones y otras el dolor.
La codependencia ha venido a significar todas las definiciones que hemos dado anteriormente. No intento confundirlos. La codependencia tiene una definición nebulosa porque es un trastorno gris, nebuloso. Es compleja, teórica y difícil de definir por completo en una o dos frases.
¿Por qué tanta alharaca por una definición? Porque voy a intentar lo difícil, definir la codependencia en una sola frase. Y quiero que vean el panorama más amplio antes de que les muestre el más estrecho. Espero que esta aproximación les ayude a identificar la codependencia en ustedes mismos, si esa identificación viene al caso.
Definir el problema es importante porque ayuda a determinar la solución. Aquí la solución es vital. Significa sentirse mejor. Significa recuperación.
Así, he aquí mi definición de un codependiente:
Una persona codependiente es aquella que ha permitido que la conducta de otra persona la afecte, y que está obsesionada con controlar la conducta de esa persona.
La otra persona puede ser un niño o un adulto o un amante o un cónyuge, un hermano o una hermana, un abuelo o abuela, un cliente o un amigo íntimo. Estas personas pueden ser alcohólicas, drogadictas, gente mental o físicamente enferma, un apersona normal que de vez en cuando tiene sentimientos de tristeza, o una de las personas mencionadas anteriormente.
Pero el núcleo de la definición y de la recuperación no está en la otra persona, no importa cuánto lo creamos así. Está en nosotros mismos, en la manera en que permitimos que la conducta de otra persona nos afecte y en la forma en que tratamos de afectarla a ella: en los cuidados obsesivos, controladores, “ayudadores”, en la baja autoestima que raya en el odio hacia uno mismo, en la autorepresión, en la abundancia de ira y de culpa, en la peculiar dependencia de gente peculiar, en la atracción y en la tolerancia de lo bizarro, en el estar centrado en otro que conduce al abandono de uno mismo.
¿Es una enfermedad la codependencia? Algunos profesionales dicen que la codependencia no es una enfermedad; dicen que es una reacción normal hacia la gente anormal.
Otros profesionales dicen que la codependencia es una enfermedad; que es una enfermedad crónica y progresiva. Surgieren que los codependientes quieren y necesitan a personas enfermas a su alrededor para sentirse felices de una manera insana.
Dicen, por ejemplo, que la esposa de un alcohólico necesitaba casarse con un alcohólico y lo eligió porque inconscientemente pensaba que él era un alcohólico. Aún más, que necesitaba que él bebiera y la fastidiara para sentirse satisfecha.
Este último juicio puede ser demasiado rudo. Yo estoy convencida que los codependientes necesitan menos rudeza en sus vidas. Ya otras personas han sido suficientemente duras con nosotros.
Nosotros hemos sido bastante duros con nosotros mismos. Ya hemos hecho sufrir suficientemente a nuestros amigos. Hemos sido víctimas de enfermedades y de personas. Cada uno de nosotros debe decidir qué parte hemos jugado en nuestra inmolación.
Yo no sé si la codependencia es una enfermedad o no lo es. No soy una experta. Pero, para decirles lo que yo creo, terminaré la breve historia de la codependencia.
Aunque los primeros grupos de Al-Anón se formaron en la década de 1940, estoy segura que nos podríamos remitir al principio del tiempo y de las relaciones humanas para encontrar destellos de conducta codependiente. La gente siempre ha tenido problemas y otros siempre se han preocupado de sus amigos y parientes con problemas. La gente siempre se ha abrumado con los problemas de los demás desde que comenzaron las relaciones humanas.
La codependencia probablemente le siguió la pista al hombre desde los denuedos de este en los años anteriores a Jesucristo, justo hasta estos “desdichados tiempos del siglo veinte”, como dice Morley Safer en Sesente minutos. Desde que la gente existió, hemos estado haciendo todas las cosas que etiquetamos como “codependientes”.
Nos hemos preocupado hasta enfermarnos por otras personas. Nos hemos preocupado hasta enfermarnos por otras personas. Hemos tratado de ayudarlas de maneras que no sirvieron de ayuda. Hemos dicho sí cuando queríamos decir no. Hemos tratado de que los demás vean las cosas tal como nosotros las vemos. Nos hemos doblado hacia atrás para evitar lastimar los sentimientos de la gente, y al hacerlo, nos hemos lastimado a nosotros mismos.
Hemos tenido miedo de confiar en sus sentimientos. Hemos creído en mentiras y luego nos hemos sentido traicionados. Hemos querido vengarnos y castigar a los demás. Nos hemos sentido tan llenos de rabia que hemos tenido ganas de matar. Hemos luchado por nuestros derechos al tiempo que otras personas decían que no teníamos ninguno. Hemos usado sayal porque no creíamos que merecíamos usar seda.
Los codependientes sin duda han realizado también buenas obras. Por su naturaleza, los codependientes son benévolos, preocupados por las necesidades del mundo y responsables hacia ellas. Como escribe Thomas Wright en un artículo del libro Co-dependency, an Emerging Issue:
“Yo sospecho que los codependientes históricamente han atacado la injusticia social y han luchado por los derechos de los desvalidos. Los codependientes desean ayudar. Yo sospecho que han ayudado. Pero probablemente murieron pensando que no habían hecho demasiado y se sentían culpables”.
“Es natural que tratemos de proteger y de ayudar a las personas que nos importan, también es natural que nos afecten los problemas de la gente que nos rodea y que reaccionemos a ellos. A medida que un problema se vuelve más serio y permanece sin resolverse, más nos afecta y más reaccionamos hacia él”.
Quizá algunas de las razones por las cuales los profesionales consideran enfermedad a la codependenica es porque muchos codependientes están reaccionando a una enfermedad tal como el alcoholismo.
Otra razón por la cual se le llama enfermedad a la codependencia es porque es progresiva. A medida que la gente a nuestro alrededor se enferma más, podemos empezar a reaccionar en forma más intensa aún. Lo que empezó como una pequeña preocupación puede disparar el aislamiento, la depresión, una enfermedad física o emocional, o fantasías suicidas.
Una cosa lleva a la otra, y las cosas se empeoran. La codependencia puede no ser una enfermedad, pero puede enfermarte. Y también, puede contribuir a que la gente a tu alrededor permanezca enferma.
Otra razón más por la que se le llama enfermedad a la codependencia es porque las conductas codependientes –como muchas conductas autodestructivas- se vuelven habituales. Repetimos los hábitos sin pensarlo. Los hábitos cobran vida propia.
Sea cual sea el problema que tenga la otra persona, la codependencia implica un sistema habitual de pensar, de sentir y de comportarnos hacia nosotros y hacia los demás que nos causa dolor. Las conductas o hábitos codependientes son autodestructivos. Con frecuencia reaccionamos las personas que se autodestruyen; reaccionamos aprendiendo a autodestruirnos.
Estos hábitos nos pueden conducir a, o mantenernos en, relaciones destructivas que no funcionan. Estas conductas pueden sabotear relaciones que en otras condiciones sí hubieran funcionado. Estas conductas pueden impedirnos encontrar la paz y la felicidad con la persona más importante en nuestra vida: uno mismo.
Estas conductas pertenecen a la única persona que cada uno de nosotros puede controlar –a la única persona que podemos hacer cambiar- a uno mismo. Estos son nuestros problemas.
DEFINICIÓN DE CODEPENDENCIA
“Las relaciones son como un baile, con una energía visible que va y viene entre los compañeros. Algunas relaciones son el lento, tétrico baile de la muerte.” Colette Dowling
Hasta este punto he estado usando las palabras codependiente y codependencia como términos lúcidos. Sin embargo, las definiciones de estas palabras siguen siendo vagas.
La definición de dependencia química implica depender (psicológica y/o físicamente) del alcohol o de otras drogas.
Comer en exceso y apostar son también términos que nos traen ideas específicas a la mente. ¿Pero, qué es la codependencia?
La definición obvia sería ser compañero en una dependencia. Esta definición es cercana a la verdad pero sigue resultando poco clara. No nos trae a la mente ninguna imagen específica.
Codependencia es parte de la jerga de los centros de tratamiento, un caló profesional que probablemente es ininteligible para las personas que no tienen esta profesión y que es un tanto confuso para algunos que sí trabajan dentro del medio. El caló puede significar o no algo en particular. El caló puede significas cosas diferentes para personas distintas. O la gente puede saber lo que significa un término pero ser incapaz de definirlo con claridad, ya que nunca ha sido claramente definido.
Esos son algunos de lo problemas que he encontrado en la investigación y en el intento por definir a la codependencia y al codependiente. Mucha gente no ha escuchado estos términos. Otros, que están familiarizados con las palabras, no las pueden definir. Y, si pueden, cada definición es distinta. O la gente define estas palabras usando más jerga.
Para complicar más el asunto, no he podido encontrar estos términos en ningún diccionario. Mi computadora sigue diciéndome que estas palabras están escritas con faltas de ortografía tratando de convencerme que no son palabras.
He oído y leído muchas definiciones de codependencia. En un artículo del libro Co-dependency, An Emerging Issue, Robert Subby escribió que codependencia es:
“un estado emocional, psicológico y conductual que se desarrolla como resultado de que un individuo haya estado expuesto prolongadamente a, y haya practicado, una serie de reglas opresivas, reglas que previenen la abierta expresión de sentimientos al igual que la discusión abierta de problemas personales e interpersonales”.
Ernie Larsen, otro especialista en codependencia y pionero en la materia, la define como “esas conductas aprendidas, autoderrotantes, o defectos de carácter que producen una disminución en la capacidad de iniciar o de participar en relaciones amorosas”.
Siguen algunas definiciones menos profesionales.
“Codependencia significa”, dijo una mujer, “que yo soy una cuidadora”.
“Ser codependiente significa estar casada con un alcohólico”, respondió una mujer. “también significa que necesito ir a Al-Anón.”
“Codependencia”, contestó otra, “significa que estoy media metida hasta los codos con los alcohólicos.”
“¿Codependencia? Quiere decir que sé que cualquier hombre que me atraiga, del que me enamore o con quien me case será químicamente dependiente o tendrá algún otro problema igualmente serio”.
“Codependencia”, explicó una persona, “es saber que todas tus relaciones seguirán y seguirán del mismo modo (doloroso), o terminarán del mismo modo (desastroso). O las dos cosas”.
Hay casi tantas definiciones de codependencia como experiencias que la representan. En la desesperación (o tal vez en la iluminación), algunos terapeutas han proclamado: “Codependencia es cualquier cosa y cualquier persona es codependiente”. De modo que ¿quién tiene la razón? ¿Cuál definición es la adecuada? Una breve historia de la codependencia ayudará a contestar esta pregunta.
Podemos con seguridad afirmar que es una enfermedad, que sus consecuencias son graves y que puede llevarnos a la muerte. Salir de ella es muy difícil, sobre todo cuando los codependientes son vistos por todos como las víctimas de los inválidos, adictos, alcohólicos, drogadictos y neuróticos.
Aceptar que es una enfermedad que está en nosotros y que nos impide relacionarnos con los demás en formas normales y sanas es algo muy difícil, pero no imposible.
Para nosotras, la codependencia es una enfermedad que se manifiesta en la incapacidad para lograr participar en forma positiva en una relación. Por eso, en muchas ocasiones nos gusta llamarla coparticipación negativa, en lugar de codependencia.
Melody Beattie definió la codependencia en su libro Codependen no More de la siguiente manera: “La persona codependiente es aquella que ha permitido que su vida se vea afectada por la conducta de otra persona, y que está obsesionada tratando de controlar esa conducta”.
Ella amplía el campo de la codependencia encontrando personas verdaderamente afectadas por otras, no sólo alcohólicas o drogadictas como se había supuesto anteriormente, sino con personalidades problemáticas, enfermedades crónicas, perturbaciones emocionales y mentales. Descubrió que aunque la relación con la persona problemática terminara, el codependiente buscaba otra persona con los mismos problemas o con distintos tipos de enfermedad o incapacidad y seguía actuando igual; es decir, perpetuaba su conducta codependiente.
Algo había en la persona misma que la inducía a buscar siempre establecer relaciones que la hacían aparecer como la víctima, y llegaba a serlo en la realidad.
A través de estas observaciones, se empezó a tomar conciencia de la dinámica de la enfermedad. De esos conflictos y de la repetición de conductas patológicas, nació la certeza de que podía existir otro modo de vivir y que la solución del problema no era simplemente apartarse de la persona problemática.
Sharon Wegsheider-Cruse, especialista en el estudio y tratamiento de la codependencia, la define como: “Una condición específica caracterizada por preocupación y extrema dependencia (emocional, social y a veces física) de una persona o de un objeto. A veces tan patológica, que afecta todas sus otras relaciones”.
El concepto de codependencia ha surgido en los últimos años y las teorías acerca de ella proceden, en su mayor parte, de personas que admiten tener esa enfermedad y están en proceso de recuperación.
Según el campo de estudio de la enfermedad, se han dado muchas definiciones. La mayor parte de las cuales, sin embargo, ven la codependencia como una parte del campo de las adicciones y no como una enfermedad en sí misma.
Por esa razón muchas personas no se han identificado con el término, ya que siempre se hablaba del codependiente como la persona que es compañera del farmacodependiente o del alcohólico. Una vez que el término se amplia al campo de las relaciones, podemos afirmar que es también codependiente el que vive o es compañero de una persona incapacitada, enferma crónica o con problemas emocionales y mentales de importancia.
Robert Subí, en Codependency, an Emerging Issue, define la codependencia como: “Una condición emocional, psicológica y conductual que se desarrolla como resultado de la exposición prolongada y la práctica de una serie de reglas opresivas, reglas que impiden la expresión abierta de los sentimientos, así como la discusión directa de los problemas personales e interpersonales”.
También Ernie Larsen, en la misma obra la define como: “Aquellas conductas aprendidas, autodestructivas o defectos de carácter, que dan como resultado una capacidad disminuida para iniciar o participar en relaciones amorosas”.
En 1979 se definió al codependiente como la persona cuya vida no podía manejar como resultado de vivir en una relación cercana con un alcohólico.
CARACTERÍSTICAS DE LA CODEPENDENCIA
Dios mío, dame serenidad para aceptar las cosas que no puedo cambiar, valor para cambiar las cosas que sí puedo cambiar, y sabiduría para saber distinguirlas. Plegaria de la Serenidad
Aunque dos codependientes pueden estar en desacuerdo en la definición de codependencia, si discuten entre ellos los hechos, probablemente cada uno de ellos sentirá lo que el otro dice. Compartirán ideas sobre las cosas que tienen en común -las cosas que hacen, que piensan, que sienten y que dicen- características de la codependencia.
Sobre estos puntos –síntomas, problemas, mecanismos de adaptación o reacciones- concuerdan la mayoría de las definiciones y de los programas de recuperación.
Estos puntos dictan la recuperación. Son cosas que necesitamos reconocer, aceptar aprender a vivir con ellas, luchar en su contra y a menudo cambiar.
Antes de presentar una lista de lo que los codependientes tienden a hacer, diré algo importante: tener estos problemas no significa que seamos malos, defectuosos o inferiores. Algunos de nosotros aprendimos estas conductas desde niños. Otros aprendieron más tarde en la vida.
Solicitud
Baja autoestima
Represión
Obsesión
Control
Negación
Dependencia
Comunicación débil
Límites débiles
Falta de confianza
Ira
Problemas sexuales
No siempre es fácil vivir con personas sanas y normales. Pero es particularmente difícil vivir con personas enfermas, atribuladas o perturbadas. Es horrible tener que vivir con un alcohólico delirante. Muchos de nosotros nos las hemos tenido que ver con circunstancias indignantes, y estos esfuerzos han sido tan admirables como heroicos. Hemos hecho lo mejor que hemos podido.
Sin embargo, estos recursos de auto protección ya no nos resultan útiles. En ocasiones, las cosas que hacemos para protegernos se vuelven contra nosotros y nos lastiman. Se vuelven autodestructivas. Muchos codependientes apenas logran sobrevivir, y la mayoría no satisface sus necesidades.
La lista precedente es larga, pero no comprende todas las conductas o reacciones. Al igual que el resto de la gente, los codependientes hacen, sienten y piensan muchas cosas. No hay un cierto número de rasgos que garanticen si una persona es codependiente o no lo es.
Se estima que 80 millones de personas en Estados Unidos son dependientes químicos o tienen una relación con alguien que lo es. Probablemente son codependientes.
Las personas que aman, que se preocupan o que trabajan con personas trastornadas pueden ser codependeintes.
Las personas que se preocupan por las personas que tienen trastornos de la alimentación probablemente son codependientes.
Quizá estés leyendo este libro para ti mismo; puedes ser codependiente. O puedes estarlo leyendo para ayudar a alguien más.
Si así es, probablemente eres codependiente. Si la preocupación se ha vuelto obsesión; si la compasión te ha convertido en una niñera; si estás cuidando de otras personas y te estás descuidando a ti mismo, puedes estar metido en problemas de codependencia.
Las características listadas a continuación se han tomado directamente de los folletos distribuidos por Codependientes Anónimos. Esto clarificando lo que es la codependencia.
1. Asumimos la responsabilidad por los sentimientos y las conductas de otros. 2. Tenemos dificultad en identificar sentimientos: ¿estoy enojado?, ¿triste?, ¿solitario?, ¿feliz? 3. No podemos expresar los sentimientos: me siento feliz, triste, lastimado, etcétera. 4. Tenemos miedo de cómo los demás van a responder a nuestros sentimientos. 5. Tenemos dificultades en formar y mantener relaciones cercanas. 6. Tenemos miedo de ser rechazados o lastimados por otros. 7. Somos perfeccionistas y abrigamos demasiadas expectativas de nosotros y de los demás. 8. Tenemos dificultad para tomar decisiones. 9. Tendemos a minimizar, alterar o negar la verdad de cómo nos sentimos. 10. Las acciones y actitudes de otros determinan nuestras reacciones y respuestas. 11. Tendemos a poner las necesidades y deseos de otros antes que los nuestros. 12. Nuestro miedo a la ira de otros determina lo que decimos o hacemos. 13. Nos cuestionamos o ignoramos nuestros valores para relacionarnos mejor con otras personas significativas. Valoramos sus opiniones más que las nuestras. 14. Nuestra autoestima se rige por la influencia de otros. No reconocemos cosas buenas acerca de nosotros. 15. Nuestra serenidad y atención mental están determinadas por los sentimientos y conductas de otros. 16. Juzgamos muy duramente lo que hacemos, pensamos y decimos, por los estándares de otros. 17. No creemos que ser vulnerables y pedir ayuda sea normal y esté bien. 18. No sabemos que está bien hablar de los problemas fuera de la familia; que los sentimientos son sólo eso y que es mejor compartirlos que negarlos, minimizarlos o justificarlos. 19. Somos muy leales, aun cuando la lealtad sea injustificada y, a veces, hasta pueda dañarnos. Necesitamos ser necesitados para podernos relacionar con los demás.
• Otras Características
El codependiente es una persona que depende emocional, psicológica, espiritual, física o financieramente de otra persona obviamente enferma, incapacitada o necesitada.
Es demasiado responsable y está demasiado involucrada con las necesidades, deseos, pensamientos y actos de otra persona, y esto afecta todas sus otras relaciones.
La palabra codependiente o coadicto proviene, según el diccionario, de las partículas co: con o necesario, y adicción: esclavitud. Es la persona necesaria para que la esclavitud funcione.
Además, la codependencia no respeta edades, estrato social o sexo. Toca a toda la sociedad en una forma o en otra. Entre los grupos con mayor propensión a volverse codependientes están los cónyuges de los alcohólicos o adictos; los adictos en recuperación, los familiares de personas que trabajan demasiado, familias con algún trauma o en donde se sobreprotege y no se propicia la autonomía de los miembros, familiares de alguna persona incapacitada crónicamente o las familias de un neurótico.
La codependencia proviene en gran parte de la manera como la persona se ve en su relación con el mundo. No tiene referencia externa, se considera sin valor en sí misma, necesita recibir ese valor del exterior y vive tratando que los demás la vean como ella quiere ser vista.
Siempre quiere aparecer como “buena” y llega a creer que controla las percepciones de todos. Su vida se rige, por lo que cree que los demás piensan de ella y hará cualquier cosa por permanecer en una relación, por temible que ésta sea ya que sin esa relación siente que no “tiene” nada, que no “es” nada. A veces, consume una cantidad muy grande de energía en conservar esas relaciones, aunque el costo sea muy alto.
El codependiente carece de linderos definidos de su espacio vital. No sabe dónde termina él y dónde empieza el otro. Se siente como el otro se siente; carga con la tristeza, felicidad o enojo del otro, por eso no puede lograr la intimidad, ya que ésta requiere de un ser propio que no sea absorbido por otro y pueda compartirlo. Casi siempre, se concede al enfermo el poder de determinar las reacciones y estados de ánimo de toda la familia.
El codependiente tiene como característica muy especial el que siempre marca los límites muy claramente y, al mismo tiempo, siempre deja que los demás los ignoren y los traspasen. No tiene habilidad para disfrutar espontáneamente, porque siente que pierde el control. Su pensamiento y su juicio son el blanco y el negro, no tiene capacidad para disfrutar los matices.
El codependiente tiene mucho miedo de su ira, porque no sabe hasta dónde lo pueda llevar. Acostumbra mentir y exagerar hasta en cosas que realmente no tienen importancia. Aparece también con mucha frecuencia un gran miedo al abandono. Por eso muchas veces busca a alguien más necesitado que él a quien cuidar y que no lo abandonará. Tiene una necesidad imperiosa de controlar las situaciones, a sí mismo y a los demás.
Hemos encontrado también una tremenda ambivalencia. Un día ama al otro y al día siguiente lo odia; quiere dejarlo y quiere quedarse; quiere que se vaya y quiere que se quede y casi siempre desea las dos cosas al mismo tiempo.
Melody Beattie, en su libro Codependent no More, dice que en el fondo de esta enfermedad existe “el demonio de la baja autoestima”. Y a través de la experiencia y de la bibliografía sobre el tema hemos podido corroborar la verdad de esta afirmación.
En estados avanzados de codependencia aparece una incapacidad para juzgar el estado de las cosas, así como una negación de la realidad.
La persona no ve ninguna salida y empieza a manifestar cierta tolerancia al mal, que no puede entenderse más que como una verdadera enfermedad, ya que la exhibe no sólo con gritos, golpes y destrozando las cosas, sino en su indiferencia en chantajes e infidelidad. En muchos casos, se llega a maltratar y hasta a violar a los hijos. Esta tolerancia al mal se da junto con una incapacidad total de sentir, un bloqueo absoluto de los sentimientos, y se llega a convertir en una forma de complicidad con el “enfermo o dependiente”.
DESARROLLO DE LA CODEPENDENCIA
Los diferentes autores que han escrito sobre la codependencia hablan de las necesidades no satisfechas del ser humano en su infancia, que le han impedido madurar adecuadamente para adaptarse a las situaciones de la vida adulta de una manera sana y madura. Estas necesidades del niño han sido satisfechas por muchas causas, bien porque viva o haya nacido en una familia disfuncional o por la situación encontrada ya sea en la escuela, en la iglesia o en la sociedad.
Para poder comprender lo anterior, es necesario conocer la forma usual en que se desarrolla emocionalmente un ser humano, ya que sus necesidades insatisfechas y su necesidad de suplir sus carencias son causa de que se desarrolle en él la codependencia.
Desarrollo emocional del ser humano En circunstancias normales, el niño debe tener satisfechas ciertas necesidades básicas para desarrollarse sanamente.
A continuación, haremos un recuento de esas necesidades, basándonos en ciertos autores, como Maslow (1962), Weil (1973), Miller (1983, 1934) y Glasser (1985). Dichos autores consideran indispensables las siguientes necesidades para el buen desarrollo emocional del ser humano.
1. Sobrevivencia 2. Seguridad 3. contacto con su piel 4. Atención 5. Imitación y repetición de lo que él hace 6. Guía 7. Ser escuchado 8. Ser él mismo 9. Participación 10. Aceptación: Ser tomado en serio Tolerancia a sus sentimientos Respeto 11. Oportunidad de llorar las pérdidas y crecer 12. Apoyo 13. Lealtad y confianza 14. Sensación de haber logrado: Control Poder Creatividad 15. Trascendencia de lo ordinario 16. Sexualidad 17. Diversión 18. Libertad 19. Educación 20. Amor incondicional
• Niño interior
Cuando las necesidades del ser humano no son satisfechas para llegar a superar la etapa que el niño vive en el aspecto físico, emocional, intelectual y espiritual, el “sí mismo auténtico”, “real”, como lo llaman Horney y Masterson; “verdadero”, como lo llaman Winnicot y Miller, o “niño interior”, como lo llaman otros clínicos y educadores, se detiene en su desarrollo.
Mientras más enferma o carente es la condición de los adultos encargados del niño, menos satisfechas son las necesidades de éste. Así, la parte que es creativa, viva, plena de ese “niño interior”, queda paralizada. Cuando sus necesidades no son satisfechas o son negadas por los padres y por otras figuras de autoridad, a ese niño le falta el le falta el alimento para crecer. Cuando ese “niño interior” no puede expresar sus necesidades y su propio ser, surge para sobrevivir un “sí mismo falso”, un “Sí mismo codependiente” que se ajusta a los deseos y a las demandas de los demás.
Para poder distinguir cuál es el que está funcionando, vamos a describir las características de cada uno.
El “sí mismo real” o “niño interior”, como más nos gusta llamarlo, es que funciona cuando somos más auténticos, más genuinos, ya es generoso, espontáneo y profundamente el gozo y el dolor y puede expresar esos sentimientos. Acepta los sentimientos sin temor y sin prejuicio. El “niño interior” sabe jugar y divertirse. Es vulnerable porque es abierto y confiado. Es indulgente consigo mismo de una manera sana. Está abierto al mundo del inconsciente y acepta sus mensajes en forma de sueños, enfermedades y dificultades. Es libre para crecer y toma en cuenta su relación con otros y con el universo. Es al mismo tiempo nuestro “sí mismo privado”.
A pesar de su capacidad de sentir el dolor causado por las heridas, la tristeza, la culpa o la ira, no pierde su vitalidad. Puede sentir el gozo, la felicidad, la inspiración y hasta el éxtasis.
Nuestro “niño interior” vive desde el nacimiento hasta la muerte sin necesidad de hacer nada para ser “verdadero”. Si se lo permitimos, se expresará sin esfuerzo de nuestra parte.
Mas bien, nuestros esfuerzos van encaminados a negar nuestra conciencia de él y su expresión libre, porque necesitamos de tal manera la aceptación de los demás, que vamos desarrollando en contraste un “sí mismo falso”, el cual se siente a disgusto, perturbado y sin autenticidad.
Ese “sí mismo falso” o codependiente es como una máscara: es envidioso, crítico y culpa a todos. Es perfeccionista y egoísta. Se obliga a ser lo que piensa que los demás quieren que sea. Es conformista. Da el amor con condiciones, cubre, esconde y niega los sentimientos. Cuando le preguntan: “¿Cómo estás?”, responde automáticamente: “Bien, gracias”, porque no sabe lo que siente y si lo sabe, juzga sus sentimientos como equivocados o malos. Es a veces pasivo y a veces agresivo. Parece poderoso y fuerte, pero en realidad no lo es.
Nuestro ser codependiente tiende a aislarse y siempre quiere tener el control. No se rinde. Bloquea la información que le llega del inconsciente. La mayoría del tiempo, cuando actúa ese “sí mismo falso”, se siente vacío, a disgusto, como aletargado. No se siente real, completo, integrado, sano. Siente que algo está mal. Pero cree que así debe ser, que eso es lo normal. Ese “sí mismo falso” ha sido descrito innumerables veces. Se le ha llamado “herramienta de supervivencia”, “yo egocéntrico” o “ser defensivo” (Materson, 1985).
Puede ser destructivo para el propio ser, para otros y para las relaciones íntimas. Es como una espada de dos filos que sirve a diferentes propósitos, entre ellos el de protegerse de las heridas y del rechazo.
Nos acostumbramos tanto a ese “sí mismo codependiente” que el “sí mismo verdadero” se siente culpable, como si fuera malo sentirse lleno de vida.
Ambientes en los que se desarrolla la codependencia
Hemos descrito cuáles son las necesidades del ser humano para que se desarrolle normalmente y hemos visto también que cuando estas necesidades no se satisfacen, el niño empieza a desarrollar un “sí mismo codependiente” o “falso” para poder adaptarse a ese mundo que no satisface sus necesidades.
Ahora vamos a analizar los ambientes en los que el niño se desenvuelve, para ver en qué forma contribuyen a que ese “sí mismo codependiente” se desarrolle.
• En la familia
El estancamiento en el desarrollo normal del niño y la aparición del “sí mismo falso” o codependiente, se favorece especialmente en el seno de una familia disfuncional o adicta, cuyas principales características son las siguientes (según el cuadro comparativo con las familias que funcionan normalmente, presentado por el doctor Tom Wikstrom, de la Clínica Willough, en Naples, Florida):
Familia Disfuncional Familia funcional 1. No se hablan las cosas 2. Represión de sentimientos. 3. Expectativas indefinidas 4. Relaciones viciadas 5. Manipulación y control 6. Sistema caótica de valores 7. Actitudes rígidas 8. Tradiciones inamovibles 9. Atmósfera desagradable 10. Enfermedades frecuentes 11. Relaciones dependientes 12. Envidia y desconfianza
1. Comunicación abierta 2. Expresión libre de sentimientos 3. Reglas establecidas 4. Respeto a cada persona 5. Respeto a la libertad de cada miembro de la familia 6. Sistema consistente de valores 7. Flexibilidad de criterios 8. Adaptación al cambio 9. Atmósfera agradable 10. Gente sana 11. Independencia y crecimiento 12. Confianza y amor
Veamos más detenidamente las características de la familia disfuncional:
1. No hay libertad para hablar de las cosas; la comunicación se da en los niveles de lo indispensable y lo superficial. 2. No se expresan libremente los sentimientos, por temor a la desaprobación y al rechazo. 3. Se producen constantes conflictos porque no se establecen claramente las reglas de la casa, sino que se tienen expectativas y éstas cambian de acuerdo con el humor o la enfermedad de los miembros de la familia. 4. Se establecen papeles que se desempeñan constantemente y que no permiten el cambio. 5. Las cosas se obtienen por control directo, imposición o bien se emplea la manipulación para lograr los objetivos. 6. Los criterios respecto de todo son muy rígidos. 7. Se establecen reglas que no pueden variarse aunque las circunstancias lo ameriten. 8. Se mueven alrededor de tradiciones que son más fuertes que las circunstancias del momento. Se guardan fechas, costumbre y ritos, a costa de la paz y de la armonía familiar. 9. La atmósfera que se respira es desagradable, se percibe la tensión entre miembros de la familia. 10. En las familias disfuncionales aparecen un sinnúmero de enfermedades, físicas y psicosomáticas. 11. Se establecen relaciones de dependencia que no permiten el crecimiento y la madurez en las personas de la familia. 12. Muchas veces se establecen entre ellos relaciones de desconfianza y de envidia. Generalmente no saben alegrarse por los éxitos de alguno de ellos.
• En la escuela
Otro lugar donde muchas veces el niño es detenido en su desarrollo emocional y espiritual es la escuela. Los sistemas educativos dan una gran importancia al pensamiento lógico, al estudio, al desarrollo de nuestras capacidades de razonamiento, pero no le dan ninguna importancia a los sentimientos; por el contrario, los desdeñan como una parte inservible de nuestra personalidad.
Aun las llamadas actividades artísticas, frecuentemente no permiten el desarrollo de la parte intuitiva de la persona. En vez de sentir una obra de arte, se debe analizarla, juzgarla y escribir sobre ella.
No debe llamarnos la atención, por lo tanto, que cuando algún maestro quiere saber qué sienten sus alumnos, se encuentra con que ni ellos mismos saben lo que sienten y mucho menos pueden expresarlo.
Por otro lado, el sistema escolar apoya constantemente el logro de metas a través de exámenes que refuerzan la necesidad de alcanzar más y más, compitiendo siempre causando, en aquellos que no logran las mejores calificaciones, un sentimiento de minusvalía constante que rebaja la autoestima, propicia que se desarrollen otros métodos para tener éxito.
• La iglesia
La iglesia también ha favorecido la represión de los sentimientos, el perfeccionismo, el constante tratar de ser mejores en lo exterior, cuando muchas veces el interior está lleno de resentimientos. Nos han enseñado a “hacer obras buenas” o a “ser buenos” para ganar el cielo. Se ha caído en el legalismo en el cual lo importante está en las reglas y mandatos.
• En la sociedad
Nuestra sociedad fomenta de una manera muy importante la formación de la codependencia. Tomemos por ejemplo los dichos más comunes en nuestro tiempo: “Los hombres no lloran.” “Las niñas siempre deben ser muy atentas con los demás.” “Sólo hay un modo de hacer las cosas.” “No hables, pienses o sientas acerca del sexo, del dinero o de los sentimientos.” “Trabaja primero y juega después.” “El hijo o hija mayor debe ser siempre un ejemplo para los demás.” “Los hijos siempre deben obedecer a los padres.” “No le hables a nadie acerca de tu familia.” “La ropa sucia se lava en casa”. Etcétera
Todo esto lo escuchamos desde que somos pequeños y muchas veces nuestros sentimientos nos producen rebeldía contra algunas de estas aseveraciones, por la injusticia que representaría seguirlas al pie de la letra. No obstante, se requiere de la ayuda y el apoyo de otros para analizar lo procedente o improcedente de determinadas reglas, según las circunstancias especiales de cada persona. Sin embargo, no debemos olvidar que a pesar de ser aceptadas por la sociedad, no están grabadas en nosotros tan profundamente que no puedan cambiarse, si en un momento dado de nuestras vidas decidimos hacerlo.
MANIFESTACIONES DE LA CODEPENDENCIA
Como podemos observar a través del cuadro sinóptico, la codependencia o coparticipación negativa se manifiesta de muchas maneras, dependiendo de la personalidad de los individuos o de la forma de relacionarse en sus familias y con los demás; sin embargo, podemos distinguir cinco formas características en que se manifiesta: Rescate, Reacción, Atadura, Dependencia y Control.
Dentro de estas formas se presentan diversos grados, desde muy sutiles hasta maneras avanzadas de codependencia.
Pueden, asimismo, presentarse desde la infancia o aparecer de pronto, cuando entra en la relación específica donde se muestra la enfermedad. Sin embargo, en todos los casos, siempre hay bases en la personalidad que propician y dan cabida a esa coparticipación negativa.
RECUPERACIÓN DE LA CODEPENDENCIA
La codependencia es muchas cosas. Es una dependencia de los demás: de sus estados de ánimo, de su conducta, de su enfermedad o bienestar y de su amor. Es una dependencia paradójica. Parece que los demás dependen de los codependientes, pero en realidad ellos son los dependientes. Parecen fuertes pero se sienten desamparados. Parecen controladores pero en realidad son controlados ellos mismos, a veces por una enfermedad tal como el alcoholismo.
Estos son los hechos que dictaminan la recuperación. Solucionar estos problemas hace divertida la recuperación.
Muchas recuperaciones de problemas que involucran la mente, las emociones y el espíritu de una persona son largas y engorrosas.
No es así en el caso de la codependencia. Exceptuando emociones humanas normales que estaríamos sintiendo de cualquier manera, y de piquetes de incomodidad que tenemos cuando empezamos a comportarnos de manera diferente, la recuperación de la codependencia es emocionante. Es libertadora. Nos permite ser lo que somos.
Permite a los demás ser como son. Nos ayuda a ejercitar el poder que Dios nos ha dado para pensar, sentir y actuar. Se siente uno bien. Nos brinda paz. Nos permite amarnos a nosotros mismos y a los demás. Nos permite recibir amor, esa maravilla que todos buscamos.
Brinda ambiente óptimo para que la gente a nuestro alrededor se cure y permanezca sana. Y la recuperación detiene el insoportable dolor con el que hemos vivido muchos de nosotros.
La recuperación no sólo es divertida, también es sencilla. No siempre es fácil, pero es sencilla. Se basa en la premisa que muchos de nosotros hemos olvidado o que nunca hemos aprendido: cada persona es responsable de sí misma. Implica aprender una nueva conducta a la que nos dedicaremos: cuidar de uno mismo.
PASOS PARA LA RECUPERACIÓN DE LA CODEPENDENCIA
La recuperación es un proceso gradual, que consiste en darse cuenta, aceptar la realidad y desear cambiar.
La recuperación no es algo que hacemos de un golpe, ni puede hacerse perfectamente; es normal luchar y es normal tener caídas.
Los pequeños éxitos son dignos de admiración y deben llenarnos de alegría. La recuperación es un camino, no es la meta.
Partimos de la negación de nuestra propia persona, y poco a poco tenemos que hacernos responsables de nosotros mismos y de nuestras necesidades, hasta llegar a amarnos requisito indispensable para amar a los demás.
Como es en todos los caminos, hay avances, desviaciones, paradas, y de vez en cuando nos perdemos y nos accidentamos.
Ante cada tropiezo tenemos que volver a empezar. Para recuperarse de la codependencia es muy importante distinguir entre la sanación de la herida inicial y los pasos subsecuentes que tenemos que dar para lograr cambiar las conductas negativas a las que nos hemos acostumbrado por años. A veces nos damos cuenta de que aunque la herida o el trauma están sanados, las conductas manipuladoras y obsesivas no desaparecen, porque no somos firmes y fieles para seguir los pasos que nos permiten recuperarnos completamente.
Cada uno de estos pasos puede seguirse en orden, o a veces simultáneamente. Muchas veces, habiendo logrado superar un paso, de pronto se encuentra la necesidad de volver a un paso anterior, porque vemos la urgencia de mayor sanación en determinada área. No importa en realidad el orden, sólo que en la mayoría de los casos, encontramos semejanza en los procesos y un orden parecido al expuesto anteriormente.
• Ir a un lugar desde donde se pueda ver el problema con objetividad • Reconocer la enfermedad y aceptar que uno es parte del problema • Reconocer que no se puede hacer nada por sí mismo • Aceptar que es necesario pedir perdón • Escuchar los sentimientos • Aceptar la necesidad de contar la propia historia • Buscar las raíces • Vivir el proceso de duelo por las pérdidas sufridas durante la vida • Buscar la sanación de las heridas y del “niño interior” • Aceptar plenamente al “niño interior” • Sanar y liberar las manifestaciones de la enfermedad, cambiando las conductas negativas • Satisfacer la necesidad de apoyo y seguimiento • Satisfacer la necesidad de equilibrio en la vida
BIBLIOGRAFIA
• Las perturbaciones de la personalidad: una perspectiva gestáltica. Delisle, Gilles. Madrid, 2005. Págs.. 213-129.
• Libre de Adicciones. De Castillo, María Esther. Promesa Págs. 27-31, 34-52. México, 2005
• Ya no seas codependiente. Eattie, Melody. Promesa. Págs. 49-60, 63-80. México, 2005.
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CODEPENDENCIA
Escrito el 29/06/05 a 09:04:23 GMT-06:00 por valentinacastro
que artículo tan interesante "soy codependiente" y quiero liberarme
BUEN ARTICULO
Escrito el 14/07/05 a 00:03:22 GMT-06:00 por fanny01
me parecio un muy buen articulo.
comentario
Escrito el 30/09/05 a 11:21:01 GMT-06:00 por teresavelazquez
Me gusto mucho la forma de describirlo y sus fuentes felicidades
CODEPENDENCIA
Escrito el 25/10/05 a 14:36:41 GMT-06:00 por Danny_al-anon
GRACIAS POR ESTE ESCRITO, ME PUDE REFLEJAR EN MUCHOS ASPECTOS DE LA CO DEPENDENCIA Y AUNQUE YA HE ACEPTADO EL HECHO DE SER CO-DEPENDIENTE, ME GUSTÓ EL ENFOQUE PROFESIONAL DEL ASUNTO. AUNQUE POR OBVIAS RAZONES (MI EX ES ALCOHOLICO) MI ECONOMÍA APENAS ESTÁ EN FRANCA RECUPERACIÓN, ESPERO EN BREVE PODER TOMAR UNA TERAPIA PROFESIONAL AL RESPECTO. INDPENDIENTEMENTE DE TODO ESTO, QUISIERA PREGUNTAR ¿A CASO NO HAY LITERATURA DIRIGIDA A PAREJAS DEPENDIENTE - CODEPENDIENTES HOMOSEXUALES? TODA LA LITERATTURA Y ESTUDIOS QUE HE LEÍDO, ESTÁN DIRIGIDOS A PAREJAS HETEROSEXUALES, EN LOS QUE EN LA MAYORÍA DE LOS CASOS EL ES ALCOHOLICO Y/O ADICTO Y ELLA LA CODEPENDIENTE, O VICEVERSA, PERO CREO QUE NO SE HA TRATADO EL ASPECTO DE LAS PAREJAS HOMOSEXUALES, EN LAS QUE UNO ES EL ALCOHOLICO Y EL OTRO CO-DEPENDIENTE Y DE VERDAD QUE ME GUSTARÍA QUE LO HUBIERA, YA QUE EL ENFOQUE ES DISTINTO, TOMANDO EN CUENTA LA DISCRIMINACION Y LOS TABUES EXISTENTES. SALUDOS Y GRACIAS
Me gustaría saber en donde me pueden ofrecer terapia a un costo razonable ya que no soy una persona muy solvente, pero creo que tengo problemas de codependencia moderada.
A Isel
Escrito el 22/11/05 a 07:28:04 GMT-06:00 por Administrador
Hola,
En El CGM tenemos una clínica de atención terapéutica que se adapta a las necesidades socioeconómicas de cada individuo.
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